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Nunca es tarde

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Nunca es tarde

Mensaje por jimo el 15th Junio 2010, 12:34

Elsa - “No empieces con las quejas. Nos conocimos y está bien así”.

(Diálogo de la película “Elsa y Fred”)


Nunca es tarde para el amor. Que lo diga Gladys. Lo pensaba imposible, pero un día ocurrió: se enamoró. Mejor dicho, volvió a enamorarse. A sus 67 años -tras muchos años divorciada- se halla feliz con su pareja, un hombre “interesante y honesto” con quien se siente en muchos sentidos “más viva, más animada, menos sola”.

Tener compañía en la etapa que conocemos como la edad dorada no solamente es posible sino muy satisfactorio en la medida que, tal como ocurre en cualquier otra etapa, se encuentra a la persona adecuada.

Sin embargo, los mitos sobre las relaciones amorosas, los prejuicios autoimpuestos y el miedo al qué dirán pueden llegar a frenar el enamoramiento en personas de edad avanzada, coinciden geropsicólogos entrevistados.

“Hay veces que la misma persona piensa que para qué se va poner con eso a estas alturas o le preocupa que van a pensar los hijos o la familia. Cuando ha habido divorcio, veo que la limitación o el impedimento mayor es que, debido a esa mala experiencia, no se atreven o están reacios y, cuando han enviudado, si no es que han decidido quedarse sin pareja, piensan mucho en el que dirán, en la aceptación social”, explica el doctor Gerardo Rivera, quien se especializa en atender a la población de edad avanzada.

En ocasiones, y esto suele ocurrir más comúnmente con las mujeres que mantuvieron matrimonios plenos durante veinte o treinta años, al enviudar toman la decisión consciente de no tener otra relación. Manifiestan, según los psicólogos entrevistados, tal complacencia con la relación vivida que acuerdan felizmente consigo mismas dejar el asunto del amor en el olvido.

Rivera observa que, “aunque no debe ser”, se percibe como más aceptado socialmente que el hombre vuelva a enamorarse, mientras a la mujer se le sigue asociando más con el rol de cuidar la casa y los nietos. Se piensa que el varón necesita de alguien que se haga cargo de él, le cocine y lo mime, pero a ellas se les concibe independientes.

Más allá de estas percepciones, ambos géneros están expuestos a la parodia de sus relaciones emocionales. En el mejor de los casos, la mirada al amor maduro y las muestras de afecto entre los enamorados es simpática y dulce. En otras, muy ofensiva, y puede incluir epítetos como “el viejo verde” y “la anciana recalentá”.

El doctor José Carrión Baralt relaciona esta ridiculización de la vida emocional de las personas envejecientes con los valores erróneos que menosprecian lo viejo como fuera de moda, y la sexualidad como una actividad exclusiva de la juventud.

“Tenemos una obsesión con la belleza de la juventud. Entendemos que sólo se puede ser bello y sexual si se es joven y hemos ido machacando ese mensaje”, observa el catedrático auxiliar del programa de gerontología en la Escuela Graduada de Salud del Recinto de Ciencias Médicas.


La vida sexual

Aunque las condiciones de salud y los cambios biológicos que pueden ocurrir a medida que avanza la edad tienen su efectos en hombres y mujeres, es una idea totalmente errónea que no puedan disfrutar su sexualidad. Incluso hay quienes con la madurez de la edad, ya sea por haber derribado ciertos tabúes o toparse con alguien que les provoca sensaciones distintas, encuentran más placentera la relación íntima.

También es importante recordar, enfatiza Carrión, que el órgano sexual más grande es el cerebro. Esto significa que “se puede tener una sexualidad maravillosa independientemente de las circunstancias, siempre que esté basada en afecto, aunque no haya penetración. Hay muchas otras avenidas”.

Para mujeres como Gladys, el concepto de lo que significa estar sexualmente activo y las fronteras de la sexualidad están mucho menos definidas hoy que cuando estaba en sus 30. “La calidad de la relación tiene que ver con otras cosas como compartir el tiempo y los intereses; por la buena compañía”, apunta la mujer.

Comoquiera que se defina, la sexualidad y la intimidad siguen siendo parte importante de la vida de muchas personas de edad avanzada. Un informe publicado en el 2004 por la Asociación Americana de Personas Retiradas (AARP) reveló que el 50% de los encuestados expresó tener pensamientos sexuales y sueños eróticos al menos una vez en semana. Entre los que tuvieron algún tipo de actividad sexual durante los seis meses previos al estudio, el 69% tuvo intimidad a través de besos y caricias, 53% lo hizo con caricias sexuales, 36% con coito, 20% con autoestimulación y 14% por sexo oral. Para la AARP, el estudio demuestra que, a pesar de la edad, la sexualidad continúa siendo parte importante del bienestar general.

La familia como barrera

Dependiendo de cada familia y la relación entre sus miembros, hay varios escenarios poco agradables que pueden enfrentar los enamorados en la edad dorada.

En el caso de las mujeres, sostiene el doctor Rivera, los familiares expresan temores por su seguridad, que les vaya a pasar algo o que se les haga daño.

“Cuando se trata de los hombres, no es tanto la seguridad. Es más bien el aspecto económico lo que preocupa y, mientras más joven sea la pareja, más resistencia hay”, expone.

Tan crudo como se escucha, los futuros herederos pueden acercarse con mucha suspicacia, fundada o infundada, al impacto que la relación sentimental pueda tener en su economía.

Con o sin preocupaciones de dinero presentes, hay hijos que reaccionan con celos al observar a sus padres involucrarse sentimentalmente.

“Hay una posesividad hacia los padres”, indica el doctor Carrión. “En un mundo tan difícil como el que vivimos, nos da mucho alivio visitar a los padres que nos dan tanto sin exigir nada a cambio. Entonces, que mami o papi pueda estar pasándola bien con otra persona nos puede dar celos y generar reclamos”, agrega el geropsicólogo.

Además, está el hecho de que que cuando los padres se ponen viejos, los hijos asumen ciertas responsabilidades de cuido respecto a ellos y se invierten los papeles. La descendencia comienza a cuestionar el criterio de sus viejos, no siempre de la forma más adecuada, y eso incluye lo concerniente a su vida sentimental.

Ante estos escenarios, coinciden los entrevistados, algunos se rinden, otros se rebelan.

De su experiencia trabajando con personas de edad avanzada, el doctor Rivera afirma que, aunque no se puede generalizar, mucho menos cuando del amor se trata, las relaciones de pareja en la edad dorada tienden a caracterizarse por el respeto, el cuidado al otro y la solidaridad, más que en lo carnal o erótico.

“Enamorarse perdidamente como lo hicieron alguna vez, hace 20 ó 30 años quizás no. El enamorado es menos fantasioso”, destaca Rivera, pero no por ello falto de ilusión.

El cuerpo envejece, pero la mente y el corazón siguen vivos y susceptibles a experiencias tan sublimes como es enamorarse.

Que lo diga, nuevamente, Gladys: “A esta edad no me lo esperaba, pero se dio la oportunidad y me emociona”.


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